La arancina no es siciliana, sino que la trajeron los sarracenos en tiempos lejanos. Era un plato popular de origen campesino y surgió tras experimentos y ajustes. Es típicamente un plato árabe, hecho de arroz perfumado con azafrán y hierbas, enriquecido con verduras, especias y trocitos de carne. Originalmente era un plato único servido en gran cantidad, como el cuscús, hasta el punto de que los comensales, a la manera tunecina, lo comían sirviéndose directamente de la bandeja con las manos. Un día, para transportar el suculento plato, los árabes enrollaron el arroz transformándolo en una bola que recordaba a la naranja y que podía transportarse. Por eso en la corte de Federico II se inventó el rebozado crujiente, que aseguraba una mejor conservación del arroz y hacía el envoltorio más consistente y resistente, hasta el punto de poder llevarlo tranquilamente de viaje o a las cacerías. Esta bolita hecha solo de arroz originalmente no contenía nada. El relleno, de mantequilla o de tomate, llegó solo algunos siglos después. Hoy las arancine son de ragú, de mantequilla, con mozzarella y tomate, de espinacas y berenjenas e incluso de chocolate, y el 13 de diciembre, en honor a Santa Lucía, los palermitanos se dan un gran atracón.
Elena Beninati

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