¿Cómo no hablar de la cassata, la reina de los dulces sicilianos? En la cassata se encierran el sol y sus colores: el blanco deslumbrante de la pasta de azúcar, el naranja y el rojo de la fruta confitada. Qué dulzura infinita la de su corazón, hecho de ricotta, y la del mazapán y el bizcocho que forman su borde. En definitiva, antes de comerla nos quedamos un momento contemplándola, cautivados por la deslumbrante armonía de sus formas. ¿Sabíais que este dulce tiene orígenes árabes? Una vez más, nuestra cultura, también la gastronómica, se funde con la árabe. Parece, en efecto, que fue inventada hacia el año mil por los cocineros de la corte del emir que residía en la Kalsa de Palermo. El nombre deriva de «Quas’at», es decir, «cuenco redondo». En cualquier caso, su origen antiguo lo atestigua un documento del Sínodo de Mazara de 1575, en el que la cassata se define como «indispensable en las fiestas de Pascua». El asesino siempre vuelve al lugar del crimen, y de hecho volví, armado con mis cámaras, al obrador del maestro pastelero palermitano, el señor Nino, también esta vez con la intención de descubrir los secretos de su maravillosa pastelería palermitana. Dejé que las imágenes describieran la preparación y monté para vosotros este pequeño vídeo y, al final, como de costumbre, tuve que «sacrificarme» con la degustación. Alguien tenía que hacerlo 😉
Hasta la próxima

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